LO QUE OTROS DICEN
Mucho se habla de las batallas; la historia cuenta de una genialmente concebida y brillantemente ejecutada, ocurrida en el año 216 a.C. Se le ha catalogado como la batalla perfecta, donde Aníbal al mando de su ejército venció a las tropas romanas. Esto fue posterior a la impensable hazaña de introducir a los elefantes por los Alpes. Aníbal fue un genio militar. Supo diseñar y disponer sus recursos para que la fuerza del enemigo jugara en contra de sí y a favor de lo suyo.
Históricamente, las batallas se registran como uno de los medios principales a través de los cuales se apropian ganancias para un lado y se adjudican pérdidas para el otro. Las batallas han dejado huellas, aparentemente son base del progreso, pues expanden límites, prolongan tiempos en el poder, controlan condiciones de producción y mercado, posicionan naciones, instituciones y personas; parece entonces que, gracias a ellas, sus ganadores quedan inscritos dentro de las mejores condiciones…no hablemos de los que perdieron.
¿Será que Dios, nuestro referente, las ve con ese mismo sentido?
El libro de Adriana habla de batallas, pero esta vez son DEL CORAZÓN.
¿Batallas del corazón?
¿Contra qué batalla nuestro corazón?
¿Por qué hay batallas en el corazón, acaso la mente no está para dominarlas?
¿Cuánto duran allí, librándose? ¿Tienen fin?
¿Se puede perder una batalla y a la vez tener victoria?
¿Serán menores las batallas de nuestro corazón que las batallas de Waterloo, las Cruzadas, el pantano de Vargas o Dunkerke, por cuanto solo se trata de una persona?
¿Y esas batallas personales, también tienen un orden de intensidad?
¿Más difícil una batalla contra el cáncer que una contra la depresión?
¿O peor una contra las separaciones que otra contra el sinsabor de la traición a uno mismo?
Esto se complica ¿quién sabe si tendrán algo de bueno? Parece que Abigail, Tamar, Ana, la hija de Jefté y otras más, nos lo han querido ayudar a entender a través de sus vidas, estampadas en estas páginas, desde los dedos de Adriana, llevadas allí por la savia de su corazón, guiadas por Dios. Adriana nos habla de Dios, de la mujer del capítulo y de los personajes relacionados con ella, tres ángulos desde los cuales hacer nuestro propio encuadre.
Con este, ya va por su quinto libro, que se engancha directamente en las fibras del corazón de toda persona en cuyos caminos haya habido barro, flores, aguaceros, bellos atardeceres y negras nubes. Creo que ahí cabemos todos. Habla de nosotros.
Circunstancias en estas diez historias, en una frase, varias palabras o un párrafo, nos encarnan. No son situaciones que pertenezcan solamente a personas que nos antecedieron en este mundo, son también propias de aquellas con quienes hemos compartido por trechos este turno de la vida. Palabras de las cuales solo puedo hacer eco y subrayar. El texto queda resaltado y el espíritu impregnado.
Con cada historia llegamos a un paraje donde la anfitriona, generosamente, muestra dónde le duele, nos confía esas cosas profundas e íntimas, mismas que hoy tenemos por dentro unos, otros preparándoles la bienvenida, algunos más, a punto de sanarlas y gente muy valiente para confiar, que ya las sanó.
“¿Cuándo fue la última vez que aceptaste ser guiado completamente por otra persona, renunciando a todo control y confiando en ella?” (esta pregunta la encontré en el devocional de la app de la biblia). Quizás la pregunta es si alguna vez te dejaste guiar completamente. No se trata de una pregunta por la frecuencia, si no por la confianza.
A muchos nos cuesta confiar completamente. E incluso si decidimos hacerlo, terminamos intentando recuperar algo de control. Tenemos miedo de ser vulnerables, mal dirigidos, rechazados, dice el devocional.
Quizás repasando nuestras diversas situaciones de la vida, en algún rincón de la casa, mirando por una ventana, le contamos al Señor una historia que él ya sabe, o la callamos, pero sintiéndola; proyectamos el hoy para dolernos de lo que aún no ha sido. Pero definitivamente ¡Dios es el capitán del barco! Las aguas donde flotamos nos llevarán a buen puerto, solamente de una manera que no es ni a través de la imaginación, ni de la queja, sino expresándole a Dios nuestra confianza en que Él nos permitirá ver su bondad aquí, en la tierra de los vivientes. Hay que decírselo, tiene que salir de nuestra boca.
Dios nos puede librar de nosotros mismos, de los demás y de la abundante insensatez que alcanza para todos.
La fe nos lleva a y también se proclama sobre contradicciones: “mirando al invisible”, “diga el débil fuerte soy”, “ver lo que no es como si fuera”, “Y cuando estabas en tus sangres te dije: !vive!”, “el morir es ganancia”, “si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”, “vosotros que no erais pueblo, ahora sois pueblo”, “si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello”, “corramos con paciencia”, “llevad mi yugo y hallaréis descanso” y tantas más.
Nuestras verdaderas batallas no se libran contra las desgracias o el dolor como productos acabados, sino contra las pequeñas cosas que nos impiden decidir con convicción salir de la circunstancia presente para mirar esperanzadamente hacia el futuro y poder proclamar esas contradicciones que robustecen la fe.
La palabra, cuando es guardada en el corazón, nos aleja de ese reduccionista “así es como soy” para desafiarnos a transformar las anclas de la personalidad en oportunidades de ser formados por las manos del alfarero, quien desarraiga las heridas, las predeterminantes culturales, familiares, sociales. Una cosa es la personalidad, variopinta, y otra es el carácter, nuestra esencia, que Dios no quiere homogenizar, sino que busca moldear hasta que alcancemos el carácter de Cristo.
Este libro es un empujón hacia las reflexiones a las que solemos cortar el impulso; quizás solo hemos dejado que una estela de la palabra o de alguna situación nos roce; algo en nuestro espíritu nos dice que ahí hay una respuesta, pero justo en ese momento, el cuerpo físico nos recuerda alguna labor sin completar, un merecido descanso que está pendiente y evadimos el instante pensando en un después que no llega.
La gracia está en que estas diez historias de mujeres registradas en la Biblia nos devuelven al momento del roce, nos remueven de los puntos suspensivos, retornándonos hacia la rica vida interior que palpita en ellas y quiere empatar con nuestros sube y baja. Sus batallas parecían perdidas desde el principio, pues las libraron sin el esplendor del uniforme, sin cañones, bayonetas, arcos de bronce ni flechas, sin estrategia militar. Dios, el capitán, a ellas como hoy a todos nosotros, nos da estrategias más poderosas y creativas que las de Aníbal; nos ha dotado de armas poderosas para la destrucción de fortalezas, de poder en batalla, de la coraza de justicia y de la certeza de que Jehová el fuerte y valiente pelea por nuestras batallas grandes y pequeñas, visibles e invisibilizadas por la cotidianidad.
Al leer atentamente las situaciones límite que vivieron, podemos entender que ellas ganaron cuando escogieron callarse, soportar, no destacarse, esperar, sostener la confianza en Dios por la mañana, al mediodía, por la tarde y por la noche, sin que riñera con su autonomía ni con sus necesidades o su esencia.
Estas batallas se libran en la habitación, en Transmilenio, rumbo a nuestras diligencias, conversando con un familiar o compañero de trabajo. El diario vivir, ¡quién lo creyera! tan similar al campo de guerra. Pero Su gracia está aquí. Las batallas del corazón se ganan perdiendo, se ganan en la renuncia de sí, donde si nuestro yo ya no está entronado, podremos escuchar lo que quiere hablarnos Jesús al corazón: co-razón.
“Contigo desbarataré ejércitos, y con mi Dios asaltaré muros…Dios es el que me ciñe de fuerza, y quien despeja mi camino; quien hace mis pies como de ciervas, me hace estar firme sobre mis alturas; adiestra mis manos para la batalla,…perseguiré a mis enemigos, y los destruiré, pues me ceñiste de fuerzas para la pelea; viva Jehová, y bendita sea mi roca, y engrandecido sea el Dios de mi salvación”. Extractos de 2 Sm 22:30-47 RVR1960
Que leyendo este libro encuentres que, más allá de la empatía, Dios está contigo.
Viviana Segura, lectora.
Hace mucho tiempo no me enganchaba con una lectura como ahora.
Claudia Leal, una lectora.
No tengo palabras para explicar lo que este libro habló a mi corazón. Experimenté la gracia y la sensación que deja el rendir todo al Señor. Gracias por hacer público tu libro y bendecirnos.
Laura Tovar, lectora.
Muchos creyentes y no creyentes, sobre todo mujeres, desconocen las reales y asombrosas historias bíblicas en donde las mujeres son protagonistas. Aquellas que, incluso, cambiaron el curso de los acontecimientos históricos. Personajes trascendentales que Dios fortaleció y enalteció para su honra. Si usted, es uno/a de los/as que ama la lectura y quiere entender el contexto bíblico en que vivieron estas mujeres, este es un libro que, definitivamente, debe leer. En los aspectos más profundos de nuestra identidad como hijas de Dios, Él nos trata completamente igual que a los hombres. (Gálatas 3: 28).
Jennyfer Cárdenas, lectora.
Cada circunstancia, cada prueba, cada dolor que tengamos en nuestra vida, es usado por el Señor, para revelar lo que realmente tenemos en el corazón. Una vez entendamos esto, empezamos a soltar lo que no nos sirve y a comprender que solo en Él hay plenitud.
Esther Yaneth Bastos, lectora.
¿Quién de nosotros no ha vivido batallas internas? Aquí estoy atrapada en la lectura de este precioso libro, que nos muestra una vez más, cuán interesado está el Señor en la vida de cada uno y cómo Él tiene un propósito con todo lo que nos sucede por más malo que pueda ser. Nos ha dejado tantos ejemplos en las Escrituras y aquí están plasmadas diez bellas historias de mujeres en la Biblia, que la autora nos lleva a analizar y en las que nos podemos ver reflejados. Una historia de estas o varias, se pueden parecer a la tuya. Te invito a leerlas.
Rosa Adriana González, lectora.
Muchas veces perdemos la fe y tratamos de solucionar las cosas en nuestras fuerzas y en lugar de arreglarlas, empeoramos el asunto. Este libro me ha confirmado a través de sus historias, que debemos poner nuestros deseos en el altar de Dios, para que Él obre de acuerdo a su buena voluntad.
Saturia Aguas, lectora.
Este libro te permitirá ver el amor infinito de Dios. Aquel Dios que trabaja en la intimidad, en donde tendrás las respuestas y darás valor a cada batalla de tu vida. Porque definitivamente, en cada batalla puesta en sus manos y en su justicia, tarde o temprano, tendrás la victoria, aunque no sea como tú esperabas en un principio. Te invito a leerlo, te sentirás identificado con cada una de las historias allí narradas.
Alejandra Pinto, lectora.
Cuando empecé a leer este libro hasta cuando lo terminé, fue hermoso ver a través de estas mujeres cómo nuestro Padre Celestial, es tierno, amoroso y compasivo, hablando específicamente de nosotras las mujeres, cómo nos atrae con sus lazos de amor y misericordia, cómo defiende nuestro pleito, si esperamos en Él y confiamos en su misericordia. Cada una de estas mujeres plasmadas en este libro, sirven de ejemplo del AMOR restaurador del Señor. Personalmente me identifico con una de ellas. Doy gracias a Dios, porque sé que esté libro nos bendijo a las que lo leímos y hubo apartes de ciertos capítulos que son de gran profundidad y llegan al corazón. Gracias al Padre por usar a Adriana Patricia como vaso de honra al servicio suyo.
Piedad Hortensia Navarro, lectora.