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UN NUEVO AMANECER EN EL HORIZONTE

  • 5 abr
  • 4 Min. de lectura

Estos son artículos diferentes a los que regularmente publico en este blog. Y serán compartidos los domingos. Bienvenidos a "Susurros dominicales". ¡Qué los disfrutes!



La Resurrección es un acto poderoso que lleva el evangelio de Cristo al nivel más alto, porque depende únicamente de Él. Nada fuera de Jesús puede producir vida. El mensaje que nosotros proclamamos como cristianos a este mundo lleno de tinieblas, de oscuridad, de maldad y de pecado, es que Cristo murió y resucitó para darnos vida y vida en abundancia. Una vida excesiva, más allá de los límites, que no se acaba, que no se agota; una vida superior, en cuanto a su calidad.


El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir las ovejas; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Juan 10: 10


Cristo nos da su vida Resucitada para vivir el presente. De igual forma, su vida Resucitada, va más allá de nuestro presente inmediato, va hasta nuestro futuro, a lo que está por venir. La fe en Él trasciende, nuestro futuro está en sus manos y bajo su soberano control, no hay nada en que el Señor no ponga su mano. Dependemos de Él a cada paso.


En Cristo, podemos tener la seguridad que en sus manos están los tiempos de esta tierra y de nuestra vida. Podemos confiar en Él, porque en su cuerpo se destruyó el poder de la muerte y del pecado. Y esa es la noticia que fue proclamada en aquel sepulcro, la muerte no pudo resistirse ante la vida, ella fue vencida, sus garras no pudieron retener al Cristo Vivo.


Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Juan 8: 36


Cristo a través de su vida de Resurrección nos hizo libres, nos liberó de todo lo que no es Cristo. Nos liberó de la esclavitud de la carne, de la religión vacía, del mundo y del diablo. Es imposible liberarnos a nosotros mismos; sin embargo, Jesús lo hizo, fue su obra y no es nada nuestro.


Estad, pues, firmes en la libertad en que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez a estar presos en el yugo de servidumbre. Gálatas 5: 1


La obra de la redención se llevó a cabo por medio de la Resurrección. Es la unión con Cristo, con nuestro Redentor, lo que nos otorga esa redención. La salvación es la unión con una Persona Viva, Jesucristo.


Fuimos cortados de este mundo, fuimos sacados de la tumba y se nos dio una Vida Nueva para caminar en esta tierra. Conocer a Cristo en su muerte también es conocerlo en su vida de Resurrección.


Si habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está el Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con el Cristo en Dios. Cuando se manifestare el Cristo, nuestra vida, entonces vosotros tam- bién seréis manifestados con él en gloria. Colosenses 3: 1 - 4


La vida que Cristo nos ha otorgado es para vivirla hoy, no solo para el futuro, lo que fue hace dos mil años es nuestra realidad ahora, lo que Cristo le dijo a Nicodemo es una realidad para cada uno de nosotros. Su vida está disponible para experimentarla en este mismo instante, si le permitimos a Él hacer esta obra. Seguir viviendo en la vieja vida es una aberración espiritual, somos seres espirituales viviendo esta vida terrenal, nuestros afectos ya no deben estar en este mundo ni en sus juguetes placenteros, sino en el Reino de Dios.


El olor de la vida de Cristo es inigualable. Su Resurrección es el comienzo de la Nueva Creación y su ascensión nos proclama que Él es el Señor de todo y de todos, que Él está al mando.


Cristo es el centro de toda la existencia, sin Él nada tiene sentido. Si abrazamos una simple doctrina o una religión, no tendremos nada, pero si abrazamos a Jesús, lo tendremos todo. Él debe ser el aroma que exhale nuestra existencia.


Lamentablemente, Cristo se ha convertido en una doctrina muerta, en una cosa de moda, en un conocimiento teológico y filosófico más. El Padre quiere tomar nuestra miserable existencia llena de tinieblas y darnos a Cristo. Jesús no es el fundador de una nueva revolución, movimiento o pensamiento, no se inventó una religión, no es un simple creador de enseñanzas morales y éticas; Jesús es vida a cada paso y nos quiere a nosotros para tener una relación personal e íntima con Él. Jesús es la encarnación del Reino de Dios. Toda la plenitud de la Divinidad está en Él. Cristo el símbolo del orden de Dios.


Es la razón de nuestro cristianismo, es quien nos une como hermanos, no es la teología ni las doctrinas ni las religiones; lo proclamamos a Él, no a nosotros mismos ni a un nuevo movimiento, predicamos la cruz, no valores éticos ni morales.


Cuando vivamos por la vida de Cristo bajo el poder de su Espíritu Santo, ríos de agua viva fluirán en nuestro interior, viviremos por la ley de la vida en el Espíritu y no en la ley del pecado y de la muerte. La vida de Cristo termina con nuestras luchas, con nuestros desengaños, con nuestras derrotas, con nuestras dudas y frustraciones. Su vida es vida eterna ahora, para vivirla diariamente mientras se termina nuestro paso por esta tierra.


Este extracto proviene de mi libro:







 
 
 

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