
Cuando éramos niños, siempre decíamos que queríamos ser alguien en especial. ¿Te acuerdas? Pues en este momento me gustaría ser como Bernabé.
Hoy quiero hablarte de este personaje tan especial. Este hombre aparece por primera vez en Hechos 4: 36 – 37 cuando vende su propiedad y pone el precio de ella a los pies de los apóstoles. Su nombre significa “hijo de la consolación”. Se llamaba José, pero los apóstoles le dieron este nombre, quizá por su forma de ser. Bernabé tuvo el don de animar, de consolar, de refrescar a las personas con sus palabras. ¿No te parece esto genial?
Luego, cuando los discípulos en Jerusalén tenían miedo de Pablo, pues no confiaban en él y dudaban de su conversión, fue Bernabé quien lo tomó y lo presentó. Pablo había asesinado a muchos cristianos y los había perseguido, entonces su recelo era entendible. Sin embargo, Pablo había sido transformado y Bernabé lo creyó.
¿Sabes una cosa? Cuando la gente nos critica, es porque no nos conoce y no tiene ningún interés en nuestra vida. Las personas que de verdad se interesan por nosotros, nos buscarán, no asumirán nada, no darán nada por sentado, preguntarán, esperando una respuesta, pensando siempre lo mejor de nosotros. Las únicas opiniones que deberíamos tener en cuenta, son de aquellas personas que se han preocupado por conocernos, que se han interesado por saber más de nosotros, las que se preocupan realmente por nuestro bienestar.
Y esto fue lo que hizo Bernabé con Pablo, fue y lo buscó y escuchó todo lo que él tenía que decir.
Toma nota de esto: Si Dios transformó a un Saulo de Tarso, ¿no crees que Dios puede transformar a las personas que te rodean? Por eso no debemos juzgar nada ni a nadie, no sabemos todo lo que el Señor puede hacer en la vida de alguien en su tiempo. Hasta el más duro se convierte en dócil cuando es quebrantado.
A Bernabé no le temblaron las piernas, vio todo lo que Dios había hecho en la vida de Pablo, lo defendió y él mismo se encargó de transmitir este testimonio.
Después, Pablo tuvo que huir a Tarso, ya que algunos judíos intentaron matarlo. Allí estuvo muchos años y más tarde, Bernabé fue a buscarlo cuando ya era seguro regresar, y lo trajo a Antioquía y trabajaron un año juntos en la propagación del evangelio e hicieron muchos viajes misioneros.
Dato interesante: Fue en Antioquía en donde a los seguidores de Jesús se les llamó “cristianos” por primera vez y esto fue una burla por parte de los habitantes, ya que eran conocidos por ser burlones. Sin embargo, los creyentes asumieron con orgullo su nuevo apodo.
Bernabé buscó a Pablo, no lo olvidó. Quizá los demás no estaban muy preocupados por él, pero Bernabé era diferente. Y así nos pasa también a nosotros, muchos te olvidan cuando te vas a vivir a otro país, cuando estás viviendo tiempos difíciles, cuando no puedes verte con tus amigos y familia, porque tal vez estás enfermo o en una situación financiera dificultosa, cuando ya no estás vinculado con algún grupo religioso ―esto es tan común y doloroso―.
Como escribió Chip Brogden:
“Descubrí que lo que solía pensar que era la “comunión” cristiana, no se basa en Cristo, después de todo; se basa en asistir al mismo grupo. Si se basa en Cristo, entonces la comunión continuará ya sea que asistas al mismo grupo o no. Si te das cuenta de que pierdes amigos después de dejar de asistir a la iglesia con ellos, en ese caso puedes estar seguro de que no fue un verdadero compañerismo. Y si la iglesia era el único vínculo que los mantenía unidos, ni siquiera era una buena amistad. Entonces, en cualquier caso, no te estás perdiendo nada demasiado importante”.
La gente olvida. Que seamos de los que no olvidan a los demás, por lo menos recordémosles en nuestras oraciones.
También Bernabé alentó a Juan Marcos, quien los acompañó en su primer viaje misionero. Pero poco tiempo después, Juan Marcos se separó de ellos, pues las cosas se habían puesto difíciles, en consecuencia, él abandonó la obra y el barco en Panfilia. Y Pablo estaba furibundo por esto y dejó de confiar en Marcos en ese momento. Entonces Bernabé insistió en llevarlo al siguiente viaje (parece que era su sobrino) y Pablo se negó rotundamente y fue tal su disputa, que Pablo y Bernabé se separaron. Esto me hizo el día, no soy la única que me agarro de los pelos con los demás, esto también fue de los apóstoles. Y me encanta que el Señor nos muestre las debilidades de estos hombres, para enseñarnos que no somos inmunes a nuestra humanidad.
Bernabé creyó en Juan Marcos a pesar de romper en ese momento su relación con Pablo. Bernabé era un buen amigo, alguien leal, se sacrificó y creyó en él, a pesar de los errores que pudiera haber cometido Juan Marcos.
¿Y sabes una cosa? Juan Marcos escribió el evangelio de Marcos, cuya información la obtuvo de Pedro. Su evangelio fue escrito a los cristianos romanos, en medio de su sufrimiento por causa de Nerón. Necesitaba recordarles que seguir a Jesús implicaba tener su poder, pero también sufrimiento, que Dios siempre escuchaba sus oraciones y que la persecución podía costarles su vida. Ahora sabes la importancia del apoyo de Bernabé a Juan Marcos. Pablo podía estar enojado en ese instante, pero Dios no lo estaba. Todas las cosas obran para bien, nada es casualidad, Dios necesitaba que Juan Marcos y Bernabé estuvieran juntos, igual que Pablo y Silas.
Ya ves como todos encajamos dentro de los planes de Dios y aun utiliza nuestras equivocaciones para llevar a cabo sus propósitos. Y no me malinterpretes, no estoy diciendo que tengamos que hacer males para sacar bondades. Solo estoy diciendo que, la gracia del Señor es tan grande, que estamos a años luz de llegar a comprenderla.
El apoyo de Bernabé fue crucial en los ministerios y en las vidas de Pablo y Juan Marcos. Un hombre dispuesto a consolar, a animar, a sacrificarse por otros, a dejar a un lado su comodidad para ayudar, dispuesto a creer en los demás e ir a buscarlos. Bernabé era un buen amigo y un gran compañero de peregrinaje. Y no quiere decir que nunca se equivocó, claro que lo hizo, hasta Pablo se lo hizo ver cuando volvió a la ley por congraciarse con algunos judíos. Pero eso no lo descalificó para ser usado por el Señor.
Si bien encontrar en el camino amigos como Bernabé es difícil, no es imposible. El Señor puede traer a nuestras vidas personas que reflejen el amor de Jesús y que con sus palabras alienten nuestros corazones. Cuando has sido abusado espiritualmente, como lo fui yo, por personas que decían ser los “ungidos de Dios” y que tenían todos los conocimientos teológicos, la desconfianza se apodera de nuestra vida y no es fácil volver a confiar. Lamentablemente, nos volvemos presos del dolor relacional, pero hay esperanza, el Señor puede y quiere hacernos libres, para que tengamos relaciones sanas con aquellos que poseen el amor de Dios en sus corazones.
Así que, la tarea de Jesús es traer a nuestras vidas personas con corazón como Bernabé y forjar en nosotros ese corazón, para ser aliento a los demás, para ser personas que consuelan, que apoyan, que no juzgan, personas que buscan, que oran por los demás, que creen en otros, cuando el resto los ha desechado o descalificado, quizá solo por un error.
Un corazón grande es una cosa burda y, al mismo tiempo, delicada; no se protege ni tampoco se esconde. Sobresale, como la fontanela de un recién nacido, de manera que se ve palpitar el alma a su través. Anne Lamott.
El amor de Dios palpitaba en el corazón de Bernabé, le salía por los poros. ¡Cuánto de Bernabé nos falta a todos! ¿Verdad? Bernabé no tuvo en cuenta los errores del pasado de Pablo, ni los errores del presente de Juan Marcos. Su apoyo fue incondicional, creyó en ellos a pesar de todo.
¿Somos leales con los demás? ¿Somos incondicionales, aun conociendo sus luchas? ¿O tratamos de exponer sus debilidades para sentir que somos mejores? Conocer que Dios nos ama a pesar de nuestros errores y fracasos nos libera para amar los demás. Exponer a otros, señalando su carne, demuestra lo inseguros que somos y esto significa que no hemos encontrado nuestra identidad en Dios y que estamos muy, pero muy desconectados de Él.
Y lo mejor que podemos hacer por el bien del Cuerpo de Cristo, es darnos una vueltica por la cruz y recordar que no hemos ganado nada por nosotros mismos, que todo ha sido por Él, que el único infalible es Jesús. No se te olvide que ninguno de nosotros pasa en limpio, a todos se nos ha regado la sopa en el vestido alguna vez. Y cuando realmente entendemos esto, podemos animar a los demás a superar sus obstáculos más dolorosos, para alcanzar la plenitud de la vida de Jesús.
Recuerdo que hace unos años, un amigo llegó a mi casa destrozado, había engañado a su esposa, todas las personas con supuesta “autoridad espiritual” lo habían desechado, señalado implacablemente y mandado para la quinta paila del infierno. Yo escuché su historia y lloré con él, oré por él, le hablé de su pecado, pero también le hablé de la gracia de Dios. Ese día ese hombre se fue a su casa reconciliado con el Señor y vio que Él no lo había desechado. ¡Cuánta misericordia nos hace falta para restaurar y no descalificar a los demás! Y siempre pienso en esto porque sé cuánto le he fallado al Señor y en el camino he encontrado gente que me ha dado la espalda, pero también he encontrado gente que me ha ayudado a levantar.
Las personas se sienten como un pedazo de excremento cuando le fallan a Dios, como para que nosotros terminemos de destrozarlos.
Como escribió Anne Lamott:
“No siempre hay que usar la espada de la verdad para trocear: también puede usarse para señalar”.
Señalarles el camino de regreso al corazón de Cristo. Porque donde otros nos quieren derribar, Dios quiere edificar, levantar, restaurar y redimir. Debemos ser como Jesús, con corazón como Bernabé. La relación con los demás se vuelve más entrañable cuando podemos ser sinceros en cuanto a nuestras luchas y fracasos, pero ¿cómo podemos ser sinceros y confesar nuestras faltas unos a otros, si siempre estamos tratando de juzgar los motivos del corazón, si siempre metemos el dedo en la llaga y enfatizamos en las debilidades más que en las fortalezas? ¿Y sabes qué es lo más triste? Que la gente que censura a otros ni siquiera los conocen realmente.
Como dijo Frank Viola:
“Nunca aceptes las críticas de alguien de quien no aceptarías consejos”.
Que aprendamos la lección de Bernabé hoy y Dios la grabe en nuestro corazón.
“… siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz”. Efesios 4: 2 – 3
Hasta la próxima.
Sencillamente hermoso.
Me gustaría tener por lo menos un poquito de Bernabe