TIEMPO DE PERDER
- Adriana Lelión
- 27 sept 2023
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 28 sept 2023

Hace muchos años, trabajaba en una x empresa y me comencé a enfermar del colon por el estrés. Un día fui al doctor y me preguntó qué me pasaba, era la primera vez que un médico realmente se preocupaba más por mi salud emocional que por saber los síntomas. Dejó de mirar su computadora, me miró y me escuchó con mucha atención. Le hablé de mi estrés y su respuesta fue: “Te tengo el mejor remedio para tu problema del colon, renuncia a tu trabajo”. Yo abrí mis ojos como si me fueran a aplicar gotitas.
Meses después renuncié y mejoré, a pesar de necesitar el empleo. Mi salud en ese momento fue más importante, el galeno tenía toda la razón.
En Eclesiastés 3 dice que hay un tiempo señalado para todo y un tiempo para cada suceso en esta tierra…tiempo para buscar y tiempo para perder.
Para todas las cosas hay sazón, y toda voluntad debajo del cielo, tiene su tiempo determinado: Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de juntar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. Eclesiastés 3: 1 - 8
Ese era mi tiempo para perder y no por cobarde, sino para ganar salud. Mi abuela murió de cáncer de colon y sé lo que puede suceder si uno no cuida su colon. Y si esa era la causa, pues yo iba a renunciar por mi salud mental y física.
Hay momentos en la vida para perder, para dejar ir, para renunciar a algo o a alguien. Dejar o renunciar, no es ser perdedor, es ser un ganador. Yo gané salud y mi colon mejoró notablemente. En la vida se debe aprender cuándo renunciar, cuándo dejar la cancha, cuándo dejar el ring, cuándo partir de algún lugar, cuándo irse de alguna situación que enferma, que incomoda, que estresa, cuándo alejarse de alguien.
Ese día que renuncié y salí por la puerta, sentí paz y libertad, y debemos aprender cuándo es el momento de levantarnos y salir. Eso no es de perdedores. Yo me di ese permiso, aun con obligaciones, pero sabía que si no lo hacía en ese momento, no lo iba a hacer nunca. Cuando hay algo que está apretando el alma y el corazón, que está desgastándonos, que nos está enfermando, que nos está estresando, ya sea por un trabajo, un hábito, una relación con alguien que no sea sana ―puede ser familia, algún amigo o una relación amorosa―, una situación insostenible, un lugar, lo que sea, se debe decir adiós sin sentirse culpable.
En la vida debemos aprender a poner límites, aprender a decir "no" cuando hay que hacerlo, a no ir más allá de nuestras fuerzas, a no agradar a los demás y por hacerlo, perdernos a nosotros mismos. Mi salud importaba y no iba a menoscabarla solo por no dar este paso, ese día le di la prioridad. A veces es necesario hacer esto, cuando se puede y cuando dependa de nosotros, debemos darle lugar a lo que realmente importa. No siempre hay que hacerlo o no siempre se puede, pero cuando se pueda y cuando se deba, hay que dar ese paso. Y más cuando el Señor nos inquieta o nos llama a hacerlo.
Y llegamos a saberlo cuando nuestro cuerpo nos grita que paremos. Cuando nuestra mente dice “ya no más”, cuando el cansancio presiona, cuando el corazón está oprimido, cuando nuestras fuerzas se agotaron. El Señor tiene sus formas de enseñarnos, de hablarnos, de mostrarnos, escuchémoslo hablar en Las Escrituras, dejemos que su palabra escrita se convierta en vino y podamos beberla, y comprender cómo se alinea con lo que estamos viviendo en esta temporada en nuestra vida.
Escuchemos a los demás, ellos ven las cosas desde otra perspectiva, como decía mi abuela: “Ven los toros desde la barrera”. Como aquel doctor que se preocupó por escuchar y saber la razón de mi problema del colon. El médico encontró la raíz del asunto. Dios sabe todas las cosas y nos lo mostrará, estemos atentos al susurro de su voz.
Que el Señor nos dé la sabiduría y el entendimiento para saber cuándo quedarnos y cuándo marcharnos de alguna situación, de algún lugar o alejarnos de alguna persona, así sea por un tiempo. Que el Señor nos muestre cuándo renunciar, cuándo dejar ir o si debemos permanecer ahí, porque quizás a través de esa situación, Dios está tratando nuestro corazón, nos está transformando, solo Él conoce lo que debemos hacer. En sus manos están nuestros tiempos. Salmos 31: 15 a
Como escribió Elisabeth Elliot: Debemos reconocer que el tiempo tiene dos dimensiones: pone fin a las cosas y nos brinda siempre nuevos comienzos. Cristo es el Alfa y la Omega, el principio y el fin; por lo tanto, podemos llevarle todos nuestros comienzos y finales, toda la esperanza y la tristeza que nos causan, todo el trabajo realizado y los placeres disfrutados, así como todos nuestros planes del trabajo por hacer y placeres por disfrutar.
Hasta la próxima,
Adriana.
Comentarios