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LA MARCA DE NUESTRO AMOR POR ÉL

  • hace 2 horas
  • 4 Min. de lectura

Estos son artículos diferentes a los que regularmente publico en este blog. Y serán compartidos los domingos. Bienvenidos a "Susurros dominicales". ¡Qué los disfrutes!



En el camino del vaciamiento es donde conocemos profundamente al Señor. La muerte conduce a la Vida más plena, a la Vida de Cristo. Habrá muchas muertes de diferentes clases para poder conocer el poder de su resurrección.


La medida de la satisfacción del corazón de Dios, es la medida en que la cruz ha cumplido su propósito en nosotros. Si hemos seguido al Cordero por donde quiera que nos ha llevado, eso significa que el Cordero ha vencido la naturaleza de nuestros corazones y Él tiene ahora su lugar de gobierno en nuestras vidas. El Señor es glorificado cuando Él mismo nos dirige y gobierna nuestras vidas, y nos lleva por donde Él quiere sin interferencia de nuestro yo.


De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te pasará donde no quieras. Juan 21: 18


Y aunque sus caminos son extraños, es de esta forma que llegamos aun conocimiento íntimo de Él mismo. En el dolor Cristo se vuelve nuestro deleite y crecemos en el primer amor.


Dice Apocalipsis 12:11: No amaron sus vidas hasta la muerte”. Este es un amor profundo por el Señor y es lo que distingue a los vencedores, la marca de los vencedores no es la perfección, sino su deseo ardiente de buscar a Dios con todo su corazón.


“Si perezco que perezca”, dijo la reina Ester.


Esa es la muestra máxima del amor por Dios. Nuestro yo no deja que amemos al Señor, es un estorbo porque siempre nos dirá que debemos autoconservarnos y autocompadecernos. El mundo con sus diálogos crueles nos dirá que no vale la pena amar a Dios; solo el Señor podrá formar su amor en nosotros y será un amor tan absoluto que seremos reducidos a Cristo y el mundo perderá su pálido brillo ante el resplandor del amor de Jesús.


Cuando el amor por Él nos distingue, todo el Cielo estará interesado en nosotros, nuestros nombres serán conocidos. Si tenemos el amor del Señor gobernando en nuestros corazones el Padre nos tendrá en cuenta y eso no es cualquier cosa. Seremos personas que contamos para Él. Dios se comprometerá con nosotros, pues lo amamos. Porque el amor es lo que cuenta, es lo que debe caracterizarnos como hijos de Dios, no es por cuánto hagamos para Dios, no es por nuestro servicio a Él, es por cuánto lo amamos. ¡Cuánta actividad religiosa, denomincional y parroquial hay en el mundo, pero qué poco amor por el Señor!


Respondió Jesús, y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada. Juan 14: 23


Nuestra vida y unión con Dios está relacionada con el amor. Su amor derramado en nuestros corazones por su Espíritu Santo, su amor con que nos amó, este es el objetivo de Dios.


Pedro tomó una alternativa diferente de seguir al Señor, regresó a su antigua ocupación, se fue a pescar. El amor no permite que nos rindamos a pesar de las situaciones difíciles por las que el Señor nos hace pasar, por eso el Señor le dijo: “Sígueme Pedro”. Esto es lo que nos dice el Señor: “Síganme”, a pesar de que no veamos solución, de que la tormenta arrecie, aun cuando cuando no lo percibamos o no lo sintamos. Nuestra vida ha de ser por fe no por sentimientos. Dios sabe lo difícil que es amarlo a Él, cuando parece que no está haciendo nada por nosotros, pero este es el desafío del amor.


Es su resplandor a través del desierto.


Y partidos de Sucot, asentaron campo en Etam, a la entrada del desierto. Y el SEÑOR iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino; y de noche en una columna de fuego para alumbrarles; a fin de que anduvieran de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego. Éxodo 13: 20, 22


“Me amas Pedro”, le preguntó Jesús y él le respondió: “Sabes que te aprecio”, no atreviéndose tras sus negaciones a usar la misma palabra ágape que el Señor había usado. Jesús usó la palabra agapao las dos primeras veces y Pedro le contestó con la palabra filéo (amistad, aprecio). Estaba avergonzado, su prepotencia y fanfarronería habían sido humilladas, reconocía que no amaba incondicionalmente. Entonces Jesús se bajó a su nivel y le demostró su gloriosa sensibilidad y amor, al preguntarle en la tercera ocasión: "¿Pedro me aprecias más que éstos?".


"Entonces alimenta a mis corderos”, le dijo el Señor, ya que esos corderos son de Él. El amor reside en esto, es porque son de Él, porque le pertenecen, son suyos y de nadie más. Nuestro amor es para Él y todo lo que le pertenece lo debemos amar como Él lo ama. Solo porque algo o alguien es del Señor nos derramemos por eso, aunque ese alguien sea imperfecto; no lo haremos por la labor en sí, sino por el Señor. ¡Qué celoso es Dios con eso! Derramaremos todo nuestro corazón, pues sabremos que es del Señor.


¿Me amas? Es su pregunta a nosotros. Si le amamos estaremos dispuestos a ir donde Él nos lleve, a hacer lo que Él nos indique no importa a lo que nos llame, aun si es costoso. El amor por el Señor es más que ser un cristiano de domingo o ir a reuniones o misas o hacer un servicio cristiano.


Si el amor del Señor domina todo nuestro ser, entonces haremos cosas por Él que no hubiéramos hecho antes, cosas jamás imaginadas; viviremos de forma diferente, seremos dominados por alguien más que nosotros mismos; los gustos, los deseos, los motivos, los intereses y las preferencias serán las de Él no las nuestras.


Cuando amamos al Señor, nuestra carne no tendrá otro destino que la muerte. La cruz la aceptaremos con gozo, estaremos bajo el dominio y el gobierno del Señor. Seremos llevados por el Señor como fue llevado Pedro, debido a otro amo, debido al dominio del amor del Amo. Esto es amor de adulto, no de un niño espiritual.


Este extracto proviene de mi libro:





 
 
 

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