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UN GRITO DESESPERADO GÉNESIS 17:18

  • 15 ago 2020
  • 2 Min. de lectura

“Y Abraham dijo a Dios: "¡Ojalá que Ismael [mi primogénito] viva delante de ti!” Génesis 17:18 

Es el grito desesperado de un hombre que sabe que metió su mano en los asuntos de Dios. 

Y es el grito desesperado desde los rincones de nuestra alma, cuando queremos cambiar nuestras circunstancias y a las personas que nos rodean. No podemos meter nuestra mano en los asuntos de Dios, tendremos que aferrarnos a la promesa que nos dice el Señor: “Estad quietos y conoced que yo soy Dios…” Salmo 46:10 

Seremos ofendidos por Dios una y otra vez cuando el Señor no llene nuestras expectativas, cuando haya retrasos en Sus promesas, cuando Sus tiempos parecen eternos, cuando las circunstancias en vez de mejorar empeoran, cuando oramos por otros y los cambios no se ven, cuando esperamos respuestas y estas no llegan, cuando quisiéramos que todo cambiara, pero todo sigue igual. Desearíamos tomar el timón de nuestra vida y acelerar para llegar donde queremos. 

Sin embargo, Dios solo dice: “estad quietos y conoced que yo soy Dios”, hay situaciones que se salen de nuestras manos y somos tentados a querer acelerar las cosas, pero Dios dice “frena”, queremos cambiar el corazón de otros; no obstante, Dios dice “frena”, así no es. 

La respuesta de Dios a Abraham a esa suplica fue: “no en Ismael, es en Isaac que está mi pacto”, es bajo Su gracia, bajo Su fuerza, bajo Su infinita sabiduría, es en Sus tiempos, en Su soberana voluntad, es bajo el poder de Su Espíritu, no es en nuestra fuerza, es en la vida de Cristo obrando a través nuestro. No es con nuestras buenas intenciones, ideas, estrategias y programas, es con la fuerza de Él que se hará lo que Dios tenga planeado en nuestras vidas y en los demás. 

Si producimos un Ismael tendremos que asumir la responsabilidad. Abraham estaba en una situación difícil, Ismael fue una alternativa al camino de la fe, una desviación al camino de la gracia, Isaac estuvo siempre en manos de Dios, Abraham quiso con Ismael ayudarle a Dios y ese no es un principio de la fe, cuando Dios asume la responsabilidad de algo Él se compromete y lo lleva a cabo a Su manera. 

Es un grito desesperado, “Señor déjame ayudarte, haz las cosas rápido, no te tardes”, que el Señor fortalezca nuestra fe y nuestra confianza en Él para no querer tomar el timón, dejemos que Él actúe a Su manera y en Su tiempo, tendremos que vivir con esa incertidumbre, pero sabemos que Dios cumple Sus promesas tarde que temprano de acuerdo a Sus propósitos para nuestras vidas. 

Dejemos que Dios nos sorprenda, somos estériles en nosotros mismos para producir un Isaac, no podemos producir vida en otros ni cambiar las circunstancias. Solo el Señor lo hará. Ayúdanos Señor a esperar en ti, que ese sea el grito de nuestro corazón.  

“…paraos, estad quedos, y ved la salud del SEÑOR con vosotros…” 2 Crónicas 20:17

 
 
 

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